dijous, de gener 11, 2007

Una de fantasmas

Se volvió.

La casa estaba vacía.

En el salón, la tele ofrecía compañía de voz, luz y miedo a los ladrones del este. Tenía que cruzar el pasillo, oscuro, silencioso, expectante. Lenguas de oscuridad emergían de la habitación vacía, donde a veces dormían los cada vez más escasos invitados.


A pesar de que la estufa estaba encendida, un escalofrío recorrió su espina dorsal como si el frío metálico de un punzón le hubiera arrancado las ideas del cerebro y se las hubiera fijado en el ano.

La musculatura se tensó. Los nervios se electrificaron. Estaba asustado. Ese pasillo le vencía. La oscuridad le acariciaba con cantos de sirena la piel no expuesta a la luz del fuego y del televisor. Su cuerpo estaba alerta.

De repente, una extraña sensación se posicionó a su derecha, como si quisiera evitara que intentara huir. Un nuevo escalofrío le atravesó, esta vez su lado izquierdo.

El sudor creaba pequeñas gotas brillantes decorando su frente.

El silencio, interrumpido por la voz del televisor dando anuncios, era total.

Decidió no atravesar el pasillo. Aunque creía en extraterrestres y fantasmas, nunca había querido conocer a ninguno de los dos.

De pequeño le habían contado que debajo de su casa antes era un cementerio. De pequeño, una vez, de madrugada, con un silencio total en la calle y en casa, había escuchado el sonido claro de una flauta.

No podía huír. Estaba en pijama y en la calle hacía frío. Además, no quería que alguien lo tomara por loco. Y por si fuera poco, cuanto tiempo debía esperar helándose en la calle?

Decidió volver al refugio del fuego y de la voz del televisor.

Rápidamente desanduvo el camino hacia el comedor y se apresuró a cerrar la puerta que cierra el comedor del recibidor que da al pasillo.

Acababa de cerrar la puerta y respiraba con una sensación de ridícula tranquilidad. Un escalofrío recorrió su brazo y una extraña sensación erizó el bello de su cuerpo.

Cerró los ojos , se puso al lado del fuego y se dedicó a repetir, como si de un acto de fe se tratara, la frase "Los fantasmas no existen y además no quiero verlos".

A la mañana siguiente, al despertar, una extraña sensación de frío recorrió su cuerpo. Al observar su entorno, descubrió que de extraña no tenía nada. Se había quedado dormido en el suelo y el fuego se había apagado hacía horas.

El sudor perló su piel. En el suelo, en mitad del comedor...una flauta.

6 comentaris:

Candela ha dit...

Ostis...que soc poruga!!! aquesta nit no podré dormir!!! Molt bé el post!!!

Joana ha dit...

La por... potser el nostre enemic nomber one? Estic convençuda que si.
iraré a sota el llit aquesta nit...

Cèsar Llamborda ha dit...

Terrorífic, com algunes zones de Tarragona :-))

Déjà vie ha dit...

ei xaval, escrius be!!
potencia-ho ;)
per cert avui vaig al taller d relat q stic mes rovellada.
un pto amb so d faluta ms real q imaginari.

metis ha dit...

joder, quina por¡¡ i jo aqui tot sola amb l'estufa a la meua vora... com senti remor aquesta nit voras tu¡¡

petons

Tondo Rotondo ha dit...

Gela la sang, que comença a circular poquet a poquet i -si cal- de forma silencioooosaaaaaaaaaaa

Una abraçada:)